lunes, 24 de octubre de 2016

Las vivencias de su visita a la Ciudad de Casbas

Por la Docente y Narradora Teresa Prost
Jornada maravillosa en Casbas

El 29 de septiembre fue un día
especial en Casbas, ya que desde la mañana comenzaron los cuentos.
Alumnos del Jardín de Infantes y de Primer y Segundo Ciclo de la Escuela N° 4 fueron receptores de historias narradas a viva voz, en ambos turnos.
No solo eso, sino que el cierre de la tarde propició un encuentro de capacitación -como aporte de la Biblioteca Popular Dardo Nepomuceno Arditi Rocha-, consistente en técnicas de aproximación a la narración oral, donde participaron docentes, bibliotecarios e interesados en general.
La idea: que la semilla de la narración oral germine y se multiplique.
Ahora bien, ¿para qué sirven los cuentos? ¿Por qué los educadores nos preocupamos y ocupamos en acercar literatura a los niños?
Quizá para entenderlo resulte propicia la siguiente anécdota:
Cuentan que cierta vez alguien leía un libro con los ojos llenos de lágrimas.
Era evidente que se angustiaba por lo que sucedía en la historia que leía.
Un observador no pudo resistir hacer la pregunta:
–¿Por qué llorás? Si sabés bien que eso que cuenta el libro es una mentira.
–Pero lo que yo siento, es verdadero –respondió el lector.
Y es efectivamente así.
Sucede toda vez que uno se contacta con una buena historia, con verdadera literatura, con palabras que son arte y belleza.
Los cuentos llevan todo eso y aparece aquí uno de los motivos principales por los cuales debemos acercárselos a los niños.
Sabemos cuánto se diferencia –respecto a sus respuestas, sus inquietudes, sus preguntas, sus vocabularios y hasta sus expectativas y sus esperanzas- un chiquito que ha crecido rodeado de libros, de cuentos, de historias de hoy y de siempre… de aquel niño que carece de estos estímulos.
Lo que sucede en la infancia es para siempre.
Es así.
Los adultos somos conscientes de que esos estímulos, esas palabras, esas historias, esos cuentos, esos vínculos que no se concretan en la infancia, es más que probable que no sucedan nunca. Visto desde este lugar, la escuela –y dentro de ella muy especialmente, la biblioteca- adquiere y asume la gran responsabilidad de salvar este abismo.
Afirman que una vez una mujer le preguntó a Einstein qué hacer para que sus hijos fueran más inteligentes y Einstein le respondió:
-Léales los cuentos clásicos.
La mujer, riéndose, le replicó:
-Bien, ¿y qué debo hacer después de haberles leído cuentos?
-Pues léales más cuentos  –respondió Einstein.
El científico sabía, seguramente, que los cuentos –se refería especialmente a los clásicos-,  requieren una mente atenta a los detalles, muy activa en la resolución de problemas, capaz de viajar por los corredores de la predicción y la búsqueda de los significados. Por si esto fuera poco, contienen un destilado de la sabiduría que necesitamos para la vida.
Esto lo formula bien Ítalo Calvino cuando explica que hay cuentos que nos dan una explicación general de la vida y nos enseñan todo «un catálogo de los destinos que pueden padecer un hombre o una mujer». Así, vemos que nos hablan de la división de los hombres en reyes y humildes pero de su igualdad sustancial; de la persecución del inocente y de su rescate; de «la suerte común de verse sujeto a encantamientos, esto es, de estar determinado por fuerzas complejas e ignoradas»; de que la lucha por liberarse y auto determinarse es un deber elemental inseparable de intentar a la vez liberar a los otros, pues de ningún modo podemos liberarnos solos; de «la fidelidad a un empeño y la pureza de corazón como virtudes básicas que conducen a la salvación y al triunfo»; de las pruebas necesarias para llegar a la edad adulta y la madurez y así poder confirmarse como ser humano; de «la belleza como signo de gracia, aunque pueda ocultársela bajo atuendos de modesta fealdad, como un cuerpo de rana»; de la unidad básica de todo lo creado —hombres, bestias, plantas y cosas— y de «la infinita posibilidad de metamorfosis de todo lo que existe».
Y sin embargo, todos estos argumentos pueden descartarse y quedarnos con el más importante a la hora de fundamentar la importancia de tender un puente entre los niños y los cuentos:
“El niño tiene necesidad de magia”, tal cual lo afirma Bruno Bettelheim.
Los adultos lo sabemos, lo sentimos, lo comprobamos a diario. También el adulto tiene necesidad de magia, de juego y de poesía… pero se supone que podemos elegir qué, cuándo, cómo y dónde.
Y otra vez “la gran ocasión” de la que nos habla Graciela Montes: la escuela y dentro de ella, la biblioteca.

Además de Battelheim, Calvino, Einstein, Montes… podríamos seguir nombrando a tantos otros eruditos que confirman una y otra vez la imperiosa necesidad de acercar cuentos a nuestros niños.
Los cuentos nos inscriben dentro de una herencia cultural que se relaciona directamente con nuestra identidad, con lo que somos.
Nos abren la puerta a todo eso que ya aclaró –tan bien- Einstein.
Nos proporciona eso que llamamos magia.

Y lo que sucedió en Casbas, el 29 de septiembre, fue mágico. Un encuentro que ya reconozco tan maravilloso como los cuentos que se contaron. Un encuentro que tendió puentes para acercarnos a la palabra, y a través de ella, al otro, a los otros y a nosotros mismos.

Nada más ni nada menos.
Ojalá que la semilla germine y los narradores orales continúen abriendo puertas llenas de magia.
¡Muchísimas gracias por la calidez y calidad humana que encontré en Casbas; y especialmente, por tan hermosa e inolvidable jornada compartida!

Nota: La anécdota sobre Einstein la cuenta Mem Fox en Leer como por arte de magia: cómo enseñar a tu hijo a leer en edad preescolar y otros milagros de la lectura en voz alta (Reading Magic, 2001). Barcelona: Paidós Ibérica, 2003; 156 ppp.; col. Guías para padres; ilust. de Judy Horacek; trad. de Joan Carles Guix; ISBN: 84-493-1359-7.

Los textos de Italo Calvino están en el prólogo a Cuentos populares italianos que él recopiló. Madrid: Siruela, 2004, 2ª impr.; 944 pp.; col. Biblioteca Italo Calvino; trad. de Carlos Gardini; ISBN: 84-7844-796-2.